Warmi thaki: El camino de la mujer en la isla de la Luna

Cuentan que antaño, cuando no existía la división entre los lagos Mayor y el Menor en el Titicaca, una serpiente gigante llegó por Tiquina. Por allí no había entonces estrecho, sino un pequeño riachuelo. Con su cuerpo, la víbora ensanchó el paso, creando los dos lagos. Avanzó por el agua hacia el norte, en dirección a la Isla del Sol. Al verla el inca Manco Kápac, agarró su honda y le lanzó una piedra a la cabeza. “Cuando se toca a un reptil, siempre retrocede, nunca avanza”, relata Pancho, uno de los comunarios de Koati. La testa del bicho se quedó en el sitio, quedando convertida en una de las isletas circundantes, y el cuerpo se fue hacia atrás, hasta quedarse en su actual ubicación, a unos ocho kilómetros desde donde el inca le tiró la piedra. Así nació la Isla de la Luna, la compañera de la Isla del Sol. Seguir leyendo

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Nostalgia

Lejos queda el 2 de febrero, cuando me despedí del cielo de azul descolorido y algo grisáceo de Madrid desde la terminal 4 del aeropuerto de Barajas. Más atrás queda Navidad, cuando dije “hasta luego” con un nudo en la garganta a mis montañas de la Foia de Castalla.
Se van a cumplir, dentro de unas semanas, 7 meses de mi llegada a Bolivia. Y no sé cuánto va a hacer ya desde la última vez que escribí en este blog. Bueno, imagino que será que estoy ocupada y pasándolo bien, ¿no? Sin embargo, como propósito de final del invierno en el hemisferio sur, me pongo a mi misma la meta tanto de escribir más en este espacio como de no descuidar a la gente que quiero y que está tan lejos, para que la distancia sea tan sólo geográfica. Nada más. Seguir leyendo

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Me duché como mi abuela

Cuando llegué sudada y llena de picaduras al hotel y me dieron el notición de que no había agua corriente, pensé: “Ahora no me hace ni —- gracia pero, cuando esté de vuelta en La Paz, me alegraré de haber vivido algo así”. Y no me equivoqué.

Malditos mosquitos

Regresé a la selva un mes y poco después de la primera vezp ero, en esta ocasión, al otro lado del río Beni, es decir, en el norte del departamento de La Paz. Me dije: “Tomaré todas las precauciones posibles para evitar que me coman los mosquitos, como la otra vez”. Compré vitamina B (que empecé a tomar tres días antes del viaje), repelente y antiestamínicos por, si aún así me picaban, evitar la desesperación de la comezón. Seguir leyendo

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Donde la Humanidad volvió a ser creada

Dice la leyenda que el sol saltó desde la roca sagrada que hay en la partenorte de la isla para iluminar el mundo y que el dios Viracocha creó a la Humanidad por segunda vez tras el diluvio original; aquí aparecieron los fundadores del Imperio Inca, que luego se fueron a Cuzco; hay a sus pies una ciudad sumergida, que se dice fue un lugar sagrado para los tiwanacotas y que, para algunos investigadores, revive el mito de la Atlántida. Aún hay grupos de gente que van hasta las ruinas de Chinkana (palabra quechua que significa “laberinto”) para orar al sol. No se oye el sonido constante del tráfico, ni de las ambulancias ni del camión de la basura, porque no hay nada de eso. Existe un lugar así, en medio del lago Titicaca, una basta extensión de agua al norte del Departamento de La Paz, en Bolivia, desde el cual se puede acceder a tierras peruanas. Es la Isla del Sol. Seguir leyendo

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Visita al paraíso: Rurrenabaque

La semana pasado estuve en el paraíso terrenal: Rurrebanabaque, en el departamento de Beni. Es un pequeño pueblo de unos 15.000 habitantes que está a orillas del río que da nombre al departamento. En la orilla del frente está San Buenaventura, que pertenece a La Paz. Yo no crucé la orilla pero, según cuentan los visitantes, no tienen nada que ver: Rurre (como le llaman muchos -costumbre boliviana de abreviar, lo hacen incluso más que los madrileños, que ya es decir-) es alegre, llena de turistas y de lugareños abiertos y amables. Las calles son al estilo de los ensanches de las ciudades españolas pero de casitas bajas, algunas con techo hecho de hojas de palmeta (jatata lo llaman). En los balcones y patios cuelgan hamacas para disfrutar del frescor de la noche o de la sombra durante el día (en el futuro me agenciaré una); hay fachadas de alegres colores y pescado rico en los restaurantes (el surubí ha sido un gran descubrimiento p ara mí). El clima es maravilloso: una media de 27 ºC (treinta el día que llegué yo) y bastante humedad. La suerte es que ha ido terminando la época de lluvias, por lo que he podido disfrutar de un tiempo maravilloso que ya quisiera yo tener en La Paz… Eso sí, entre los mosquitos y las arañas estoy hecha un cuadro: toda llena de picaduras, como la mayoría de los turistas. Por cierto, la mayoría de los visitantes son yanquis o hebreos.

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Los domingos, fútbol

Ayer iba a ser un día en el que iba a hacer algo que estaba deseando desde hace un par de semanas: ir de voluntaria a una de las zonas devastadas por los corrimientos de tierra. Pero no pudo ser y cambió la cosa: fui a un partido de fútbol.

Se puede comprar de todo

A las 4 de la tarde jugaba en el Stadium de La Paz uno de los equipos locales, el Strongest (también conocido como tigre, cuyos colores son el negro y el amarillo) contra el San José de Oruro. En la grada sur se concentraban los más forofos seguidores del tigre, todos con sus “poleras” con los colores del Strongest. Eran los más ruidosos, con sus tambores y sus canciones.

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Carnaval orureño

El sábado de Carnaval comenzó temprano. Nos fuimos desde el centro de La Paz a la terminal de El Alto, a las 7.30 de la mañana, porque pensamos que allí habría menos gente que en estación de autobuses paceña. Llegamos a la terminal (una calle con autobuses aparcados) y oímos a los típicos voceros del mundo del transporte: “¡Oruro! ¡Oruro! ¡Orurooo!“. “¿Cuánto?”, le preguntamos a la vocera. “25 pesos”. Compramos billete para los cuatro que íbamos (un papel como factura de tienda) y subimos a la flota (autobús). Al rato de arrancar, pasó una persona preguntando a cada pasajero su nombre y apellido (el amigo que viajaba a mi lado me dijo que es para, en caso de accidente, tener el listado de personas que iban en el autobús). Seguir leyendo

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