El primer censo (y ojalá sea el único) de mi vida

El 21 de noviembre se celebró en Bolivia el Censo de Población y Vivienda que debe celebrarse cada 10 años. Tendría que haber sido el año pasado pero, bueno, cosas que pasan, ha llegado con un año de retraso. “Abre tu puerta al censo”, decían los anuncios.

Para quien no estuvo aquí, o en su vida ha vivido un censo, explicaré brevemente cómo se desarrolló. Para empezar, los gobiernos departamentales decretaron un auto de buen gobierno. ¿Qué implicaba? Que desde las 12 de la noche del 20 al 21 de noviembre, hasta 24 horas después, nadie que no estuviera autorizado podía salir a la calle en todo el país. Consecuencias: cero transporte, tiendas cerradas, arresto domiciliario. Y, por supuesto, nada de alcohol.

La tarde del miércoles, los supermercados eran una locura: la gente acudió a comprar como si no fuese a haber tiendas en una semana. Y, para los que pensábamos tomar una copa de vino tranquilamente aprovechando que almorzaríamos en casa, fue tontería ir a las tiendas: todo el alcohol estaba precintado (es decir, no estaba permitida la venta) desde la tarde anterior al censo.

Un grupo de amigas quedamos en una cafetería y, nada, tampoco se podía pedir una gota de alcohol. La salvación llegó, al menos para esa noche: una amiga me dijo que en casa de otra colega había una fiestecilla esa noche. Así que allá fuimos y, claro, reunión de españoles, alcohol que abunda. Vino tinto y blanco, y ron.

Algo mareadillos, los que estábamos en la fiesta y no éramos inquilinos del edificio, vimos las agujas del reloj acercándose a las doce de la noche. Y, afuera, caían cascadas de agua de las nubes.

“Cenicienta, ¿has traído paraguas?”, comentó un vecino mío (vive a media cuadra de mi casa). Así que comenzamos la estampida. Por la calle ya circulaban policías para empezar a controlar el cumplimiento del auto de buen gobierno, y nos miraron bastante mal.

A las doce menos diez, entré a mi casa, pensando que no podría salir en 24 horas.

A las 11 de la mañana del 21, llegó una censora. Yo estaba deseando que me preguntaran a qué pueblo indígena originario campesino pertenecía pero, claro, no me la hicieron… Qué pena.

Las calles estaban tranquilísimas. En algunas calles se veía gente correr para ir de una casa a otra antes de que la policía los pillara, encerrara y multara. En un canal de televisión sacaron a un español que salió del hotel (porque los turistas también fueron censados, no podían salir a la calle) para buscar comida, la policía lo encerró y, encima, siguió sin conseguir comida.

¿Por qué el encierro y la paralización del país? Para evitar que la gente se registre en más de un lugar. Aún así, ha habido gente que vive en las ciudades pero es del área rural y ha vuelto a sus comunidades para censarse.

He escuchado muchos comentarios que decían que nunca un censo había causado tanto conflictos. Durante las semanas previas, ha habido bloqueos de caminos de habitantes de municipios que reclamaban que se revisaran los límites con los pueblos vecinos, y gente que se ha quejado de que, en la pregunta que no me hicieron a mí, no estuviera contemplada la opción “mestizo”.

Hasta junio no se sabrán los resultados. ¿Qué conflictos habrá entonces? Ahora ya los hay: aunque la ministra de Planificación del Desarrollo, Viviana Caro, asegura que se ha censado al 100% de la población urbana, hay quienes aseguran no haber sido visitados por los censores. Y en el área rural… ya es otra historia. ¡Ah! Y 200 funcionarios del área de logística del Instituto Nacional de Estadística han sido despedidos acusados de, supuestamente, ser responsables de que los documentos para censar a la población no llegaron a todos los rincones del país a su debido tiempo.

El día terminó con casi 2.000 detenidos por violar el auto de buen gobierno pero, al menos, la contaminación del aire se redujo muy considerablemente: en La Paz, en un 75%. Algo bueno tuvo el día de encierro.

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Una respuesta a El primer censo (y ojalá sea el único) de mi vida

  1. Sara dijo:

    Va a hacer un año que estoy por aquí, en Santa Cruz concretamente, más que en cualquier otro lugar de Bolivia, incluso del mundo, y no ha sido hasta hoy que he puesto en el buscador de google “contactos españoles en Bolivia”. No sé si es exceso de nostalgia, o la necesidad de sentirme identificada con gente viviendo ciertos paralelismos en este mismo país…el caso es que así he encontrado tu blog y he leído tus posts, y de pronto me he sentido en cierto modo aliviada, supongo que porque me siento identificada con muchos de tus comentarios y en parte, “como en casa”.

    No se si sigues en Bolivia, veo que hace bastantes meses que no escribes…

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