Carnaval orureño

El sábado de Carnaval comenzó temprano. Nos fuimos desde el centro de La Paz a la terminal de El Alto, a las 7.30 de la mañana, porque pensamos que allí habría menos gente que en estación de autobuses paceña. Llegamos a la terminal (una calle con autobuses aparcados) y oímos a los típicos voceros del mundo del transporte: “¡Oruro! ¡Oruro! ¡Orurooo!“. “¿Cuánto?”, le preguntamos a la vocera. “25 pesos”. Compramos billete para los cuatro que íbamos (un papel como factura de tienda) y subimos a la flota (autobús). Al rato de arrancar, pasó una persona preguntando a cada pasajero su nombre y apellido (el amigo que viajaba a mi lado me dijo que es para, en caso de accidente, tener el listado de personas que iban en el autobús).

Tras tres horas y pico de viaje por el Altiplano, entre charlas (yo ya ni miraba por la ventanilla, es la tercera vez que voy a Oruro en un mes) y llamadas de amigos que ya estaban allí o querían ir, llegamos a la terminal de Oruro. Era un edificio moderno lleno de puestecitos de todo tipo de cosa: comida (nunca falta un lugar dónde comer, si se tiene plata, a cualquier hora, en Bolivia), de ropa (parecían puestos para turistas), de pan, bebidas… En el baño de la estación (previo paso de un boliviano) ya vi a los primeros turistas.

Morena

Una amiga nos había comprado sitio en unas graderías (un lugar desde el que ver el desfile de Carnaval) y fuimos a buscarla. Atravesamos calles con mercadillos de ropa y comida donde no faltaban puestos con todo tipo de manjares listos para comer, y teníamos taaanta hambre), y también nos metimos por el desfile (por el ladito). Estaban encargándose de que nadie se metiera por medio chicos vestidos de militares (según me contaron después, son los que están realizando el servicio militar obligatorio).

Por el camino, no faltaron los disparos de espuma, tan típicos del Carnaval boliviano, junto a los globos de agua. Lo más habitual es que gran parte de la gente lleve impermeables (ponchitos) que venden por todas partes. Pero nosotros no compramos. Paramos por el camino a tomar una hamburguesa. Y, cuando por fin llegamos a las graderías donde estaban los amigos esperando, nos recibieron con más espuma (un par de estadounidenses que estaban en el grupo acabaron con los ojos completamente rojos). Habíamos pagado 100 pesos por “asiento”: algo más de 10 euros, pero el desfile comenzaba por la mañana, alrededor de las 9, y terminaba sobre las 3.30 (aunque este año se retrasó y terminó cerca de las 6 de la mañana) y los “asientos” eran para todo el día, la noche, y también los desfiles del domingo. Y digo “asientos” porque las graderías eran unas tablas de madera sin respaldo y, para subir (estábamos en la fila más alta) los demás tenían que levantarse o tenías que trepar por detrás. Una vez sentada, no sabías donde poner las piernas para no clavarlas en la espalda del de delante. Y, cuando la gente se animaba y se ponía en pie y bailaba, creía que la gradería se vendría abajo…

El Carnaval de Oruro es el más famoso de Bolivia. Tenía muchas ganas de verlo y… ¡no hay que perdérselo! Es toda una experiencia. Horas y horas de música folclórica y bailarines incansables de casi todos los rincones del país y bailando casi la totalidad de las danzas bolivianas: diablada, morenada orureña, tinku, inca, saya africana, chacarera tarijeña, llamerada… El colorido de los trajes y la energía de las comparsas (muchas, a parte de bailar, van también cantando) es todo un espectáculo tanto de día como de noche. Son hipnotizantes las máscaras de la diablada, los cascabeles de los caporales, las plumas de varios trajes… Habría que dedicar todo un blog a explicar cada tipo de bailes y traje, pero puede que, más adelante (sobre todo, cuando haya dormido) dedique un pequeño espacio en el mío.

Desde la grada se puede comprar tanto comida como bebida, sin moverse. Pasan vendedores ambulantes continuamente. Y van pasando las horas, entre baile y baile, y la gente no para de tomar…

Sobre las 8 de la noche, Rodrigo y yo acompañamos a Cristina a que se peinara. Iba a salir bailando chacarera. Eran el último grupo de la  noche. Así que fuimos con ella al backstage del desfile de Carnaval orureño. Alrededor de una plaza había varios puestos en los que, a última hora, poderse comprar unos pantys, imperdibles, pintarse las uñas e, incluso, peinarse. A Cristina le pusieron su trenza postiza. Y por allí había músicos y bailarines esperando a salir. Algunos tomando algo, otros acabando de retocarse… Fuimos a cenar un pollo broaster (asado, acompañado de patatas fritas, arroz y espaguettis, junto con llahua -por supuesto- y Coca-Cola de litro retornable -sí, existen-) y luego a esperar a que llegaran los compañeros de Cris. Yo tenía una sed horrible (no había bebido agua en todo el día) y vi que en un kiosko vendían agua en bolsita. Sí, creo que aún no he hablado de esto, pero tanto en los supermercados como en las tiendas de comestibles y kioskos venden muchos líquidos en bolsa: batidos, yogures, dulce de leche… Yo no había visto nunca agua. La compré y… aunque ponía en la bolsita que esa marca vendía aguas de sabores (a manzana, frutilla -fresa-, etc.) la mía era “normal” (estaba tratada con rayos ultravioleta y no sé qué más), yo creo que era sabor “water de fiestas”. Qué asco…

Dejamos a Cristina y Rodrigo y yo volvimos a la gradería. Muchos de los amigos habían ido desapareciendo. Al final nos quedamos tres y seguimos bebiendo cervezas. Se les ocurrió meternos por dentro del desfile, y allá que nos fuimos. Un agobio… Gente yendo en nuestra dirección, en la contrario, militares impidiendo el paso, colas de traje de diablo que no nos dejaban pasar… Pero allá que fuimos, haciéndonos fotos por el camino con los bailarines.

Llegamos hasta el lugar culminante de la fiesta: la plaza del Socavón. Allí l as graderías valen bastante (pueden llegar a los 40 euros). Nos colamos por entre las graderías y aparecimos en medio de la plaza, entre los músicos. Yo ya me veía deportada…

Estuvimos un rato y deshicimos el camino hasta nuestra gradería, toda una odisea de nuevo. Pero al llegar tuve mi recompensa… Estaban desfilando varias fraternidades de mi bailes preferido (tengo que aprender, sí o sí): los tinkus.

A todo esto, llevábamos los pies mojados: el nivel de alcoholismo contribuyó a que hubiera todo tipo de líquidos, mezclados con barro, corriendo por las calles y formando charcos. Y hacía frío.

Cuando pasaron los tinkus, fuimos hacia el principio del recorrido para ver a Cristina. Vimos a los de la saya africana (también es un baile precioso y muy divertido) con sus látigos, tambores y ropas blancas. Retrocediendo, retrocediendo, llegamos hasta la parte más deporable del recorrido: todo sucio, con borrachos peleándose o durmiendo… Un a gobio. Pero vimos a la fraternidad de Cris, la única de chacarera. Y los acompañamos durante todo el trayecto.

Chacarera

Al llegar al final, a la plaza del Socavón, nos juntamos con otros dos amigos. Y el grupo de tarijeños entró, como es tradición, a la Iglesia de la Virgen del Socavón o de la Candelaria (los creyentes, de rodillas). Los demás aguardamos un momento muy importante del Carnaval: el alba.

Hacía mucho frío y estábamos cansados después de un día y una noche tan largos, y con tantas cervezas de por medio. Así que eśtos me ofrecieron tomar un té con té para recuperarnos. “¿Té con té?”. Conociendo a éstos, seguro que no podía ser una bebida 0,0. Y no me equivoqué: lleva una base de té hervido con clavo y alguna otra hierba, y… singani, un licor boliviano. Se toma caliente y lo preparan en unos puestos ambulantes ante la Iglesia. Puedes pedir una botella y la señora te hace la mezcla en una botella vacía de cualquier cosa que ella tenga por ahí y te da vasos. Una botella de té con té cuesta 15 bolivianos (alrededor de los 2 euros). Y, en contra de lo que esperaba, estaba muy bueno. Y revive… y da calorcito. ¡Menudo descubrimiento!

El sol estaba rayando el horizonte. Y, cuando los primeros rayos del sol comenzaron a alcanzar a los que estaban en las escaleras de la Iglesia, la gente estiró las manos, como recibiendo esa luz. Me explicaron que es una tradición: se recoge la energía del sol y se lepiden deseos (antigua tradición pre-colonización, cuando el astro rey era uno de los dioses adorados). Hemos recibido la energía solar y nos hemos ido a un puesto a desayunar algo típicamente boliviano: api mezclado (morado y blanco) y pastel de queso. El api es una bebida caliente hecha de maíz hervido (el morado proviene de un tipo de maíz de este color) y el pastel es una masa con queso dentro que ya tienen preparada en los puestecitos o bares de desayunos. Lo echan en aceite hirviendo y hacen como una torta fina (parecida a les coquetes fregides de Ibi) y se toma caliente. Rico, rico…

Y, de allí, vuelta a la plaza del Socavón, donde estaban varias bandas compitiendo, cada una tocando un tipo de música. Pero cuando llegamos también estaba n allí los camiones de la limpieza con su humo, su ruido, y trabajadores echando unos líquidos al aire que se nos metieron en las vías respiratorias.

Así que nos fuimos para la terminal. Por el camino, algún que otro borracho tirado por ahí durmiendo y los puestos de comida que unas horas antes vendían choripan, plato paceño o cualquier otra comida, estaban reconvertidos en puestos de comida.

En la terminal, la misma historia: oímos a los voceadores y compramos pasajes por 30 bolivianos. Eran las 8 de la mañana de hoy. Ha sido subir, sentarnos, y dormir… con la sensación de que llevábamos de fiesta días y de que no recordar lo maravilloso que es estar limpia.

Hemos llegado a La Paz a las 12 del mediodía. Hemos tomado una ducha y hay quien se ha ido a dormir y quien, como yo, ha preferido comer, tomar un café y ponerse a escribir su experiencia. Se lo recomiendo a todo el mundo. Eso sí, hay que ir descansado y preparado para ver cualquier cosa. Yo quiero volver pero, si lo hago el año que viene, ¡tiene que ser saliendo con los tinkus!

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4 respuestas a Carnaval orureño

  1. Maria dijo:

    Cuando puedas haz un post hablando sobre los diferentes bailes o pon un link para que veamos cómo son. Q dsp de leerte me apetece conocerlos! =)

  2. Krissu desde el Sur dijo:

    Me alegro muchísimo de que te gustase, en serio. Es una experiencia inolvidable. Al año bailarás tinkus, te lo digo yo. Cuando quieras hacer ese post con las danzas bolivianas, ya sabes, puedes contar conmigo para lo que sea.
    A Oruro! A Oruro! A Orurooooo!

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